"Haz bien sin mirar a quién", decía mi abuela; generación dividida luchando por un mundo mejor. El pueblo se alza en sus pulmones cuando aburrido se cansa de la espera, que este libreto termine con un humanitario guión.
Entusiasmas sin soluciones, orgasmos encajonados en condones. Digo, buenas palabras descontinuadas, humor negro que de blanco se pinta la cara. Tensión mundial, votos arreglados, publicidad en los sueños, despertar indiferente con ganas de sentirse enamorado.
Hablar de Justicia a solas sentirse más joven que el cuerpo. Chocarse contra el espejo como moscas entender que somos granos de arena en este suspensivo universo.
Levanta el alma del suelo este penalti lo cobro en tu honor. Tráfico embotellado, asfalto alienado perseguir el lejano horizonte sin ninguna razón.
Terminé de describir todo lo que a mí alrededor sucedía y aún así no sabía qué estaba pasando.
Sr. Policía: Reconozco que ignorar la ley no me absuelve de los cargos, pero ¿no sería mejor informar en las publicidades y vallas públicas –inundadas de politiquería & consumo– las leyes por las cuales se me multa? Lo cierto es que no sabía que tomarme una birra en un espacio público podría costarme un mínimo. Además... ¡Está arruinando mi cita!
Y me dice -usando su sombrero vueltia'o como abanico-: "Es que ni con todo el petróleo del mundo podríamos pagar la deuda que tenemos con la Madre Naturaleza. En este Monopoly: gana quien sea más H!j0d3put@, mi llave".
Y me dice, quemando la República de Platón: -"El día más feliz de la Tierra no será cuando se firme la Paz Mundial, será el día en que le suban el sueldo a todos"-.